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Por Omar Osorio
Este verano, mientras Europa y Estados Unidos enfrentan olas de calor históricas que han cobrado decenas de miles de vidas adicionales asociadas al cambio climático, y mientras Canadá y otras regiones combaten incendios forestales de escala sin precedentes, México también siente el pulso acelerado del planeta. El país ya acumula un calentamiento observado de 1.8 a 1.9 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales —superior al promedio global—, y el Acuerdo de París, firmado por 195 países en 2015, busca limitar el calentamiento a 1.5 °C, umbral que el planeta ya ha superado temporalmente y que México ha rebasado con creces. En este contexto de urgencia palpable, México presentó en noviembre de 2025 su NDC 3.0, un documento que por primera vez establece metas absolutas netas de emisiones para 2035: entre 364 y 404 MtCO₂e de forma incondicional y entre 332 y 363 MtCO₂e de forma condicional, con el horizonte de neutralidad de carbono hacia 2050. Esta semana, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) anunció pilotos para Climate Promise Forward, en alianza con Hacienda, el PNUD y cooperación internacional —con participación de firmas como KPMG para estructurar proyectos— buscando convertir las prioridades climáticas en oportunidades concretas de inversión y generación de empleos. Es una visión atractiva. Pero la ciencia del carbono exige mirar más allá de las buenas intenciones. El Compromiso y su Magnitud Real México emite actualmente entre 700 y 800 MtCO₂e anuales. El sector UTCUTS absorbe alrededor de 210 MtCO₂e al año. Las metas netas para 2035 suponen una reducción significativa, pero si se proyecta una trayectoria lineal (optimista), el país necesitaría reducir sus emisiones netas en promedio entre 15 y 25 MtCO₂e por año desde 2026 hasta 2035. Esa reducción anual es ambiciosa y, en el contexto actual, plantea dudas razonables sobre su viabilidad sin medidas estructurales profundas. El Dilema Técnico: Qué Tipo de Carbono Estamos Contando La estrategia prioriza soluciones basadas en la naturaleza, que almacenan principalmente carbono orgánico sujeto a reversión. En contraste, procesos como la sedimentación carbonatada biogénica ofrecen secuestro permanente de carbono inorgánico geológico. Iniciativas como Carbono Blanco han cuantificado este potencial en la ZEE mexicana y han presentado su literatura al IPCC y autoridades nacionales. Hoy, la presidenta Claudia Sheinbaum señaló que el sargazo prolifera principalmente por el incremento de la temperatura en el mar. En 2026, más de 50 millones de toneladas de biomasa marina de sargazo flotan en el Atlántico, Caribe y Golfo. En Quintana Roo, los recales masivos alcanzan 9 mil toneladas diarias en las costas y 90 mil frente a ellas según datos de la Secretaria de Medio Ambiente federal, Bióloga Alicia Bárcena. Este sargazo, si se captura en alta mar y se procesa en el Polo de Desarrollo de Economía Circular - PODECIBI-SARGAZO - planeado en Puerto Morelos Quintana Roo, podría convertirse en un servicio ecosistémico: peletizado para biomasa y/o carbonizado en biochar de alta integridad, usable en bio-materiales, energía y restauración de suelos o infraestructura estratégica como vivienda y carreteras. Carbon Removal Permanente. El Rol Estratégico de SEMARNAT Como autoridad federal y Punto Focal ante la UNFCCC, SEMARNAT cuenta con las facultades para emitir marcos normativos completos de remociones y MRV. La iniciativa Climate Promise Forward es positiva, pero debe ir acompañada de acción regulatoria concreta. Conclusiones: Más Allá del Cumplimiento Formal Más allá de cumplir formalmente con su compromiso ante la ONU, México debe buscar acciones concretas que protejan efectivamente su territorio, incluyendo su mar territorial y su vasta Zona Económica Exclusiva. De esto depende la resiliencia, la adaptación y la protección de los sistemas vivos que sostienen al país. Si no se avanza con rigor, los impactos climáticos seguirán afectando ecosistemas, sociedad y finanzas públicas, comprometiendo las capacidades futuras de la nación. Por el contrario, si México va más allá del mínimo compromiso de París —fortaleciendo remociones permanentes, MRV independiente, marcos normativos sólidos y proyectos como la valorización del sargazo en biochar—, ganará flexibilidad real para adaptarse, generar nuevos modelos económicos basados en la economía regenerativa y posicionarse como un líder creíble en la gobernanza climática global. La ciencia es inequívoca: ante un calentamiento ya en 1.8–1.9 °C, la integridad técnica y la ambición sostenida no son aspiraciones opcionales. México tiene las facultades y la oportunidad. La pregunta que queda abierta es si logrará cerrar la brecha entre ambición declarada y transformación real antes de que los límites biogeofísicos impongan sus propias reglas. Glosario
El autor es Director Fundador de Carbono Blanco, Un Océano de Soluciones
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Agosto 2026
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